¿Qué medidas tiene el gobierno de México contra la sequía?

¿Qué medidas tiene el gobierno de México contra la sequía?


La sequía es uno de los fenómenos climáticos que más amenaza la seguridad hídrica, la agricultura y el bienestar de la población en México. Ante su persistencia y agravamiento por el cambio climático, el gobierno mexicano ha desplegado diversas estrategias, programas y acciones para prevenir, atenuar y adaptarse a este riesgo. A continuación describo las principales medidas, su fundamento, retos y ejemplos concretos.


Contexto general: el reto de la sequía en México


México es un país con una gran diversidad climática: algunas regiones reciben abundantes precipitaciones, mientras otras —especialmente en el norte y el centro— enfrentan déficits hídricos frecuentes. Las sequías prolongadas agravan:


  • la disminución de los niveles de presas y acuíferos;
  • la reducción de la disponibilidad de agua para consumo humano e industrial;
  • el estrés en la producción agrícola y pecuaria;
  • conflictos entre usuarios del agua y disputas interregionais;
  • pérdidas económicas en sectores sensibles al agua;
  • migraciones y afectaciones sociales, particularmente en zonas rurales vulnerables.


Por ello, el gobierno federal, así como los gobiernos estatales y municipios, han impulsado distintas medidas para responder al fenómeno. Estas acciones se pueden agrupar en prevención, mitigación, adaptación, monitoreo, institucionalidad e incentivos sectoriales.


Principales acciones y programas del gobierno contra la sequía


Programa Nacional Contra la Sequía (PRONACOSE)


Uno de los ejes centrales de la política federal es el Programa Nacional Contra la Sequía (PRONACOSE), que depende de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA). 


Objetivos y líneas de acción.


PRONACOSE busca coordinar medidas preventivas y de mitigación frente a la sequía, así como emitir acuerdos de carácter general cuando se declare una sequía (de diferentes grados) en alguna región.


Entre sus líneas de acción se encuentran:


  • Formular, implementar y evaluar los Programas de Medidas Preventivas y de Mitigación de la Sequía (PMPMS) en cada cuenca. 
  • Establecer sistemas de alertamiento y monitoreo de sequía mediante indicadores hidroclimáticos. 
  • Fortalecer la institución responsable del manejo hídrico, promoviendo coordinación interinstitucional. 
  • Realizar investigación, capacitación y difusión para mejorar la capacidad local frente al fenómeno. 


De hecho, hasta 2024 el PRONACOSE promovió la elaboración de 26 PMPMS para las distintas cuencas del país. 


Un aspecto clave del programa es que cuando una region está en sequía grave, el gobierno puede emitir acuerdos de carácter general para priorizar el agua para consumo humano y uso doméstico, limitar otros usos, asignar recursos extraordinarios e intervenir de manera obligatoria o coordinada. 


Infraestructura hídrica: obras de captación, almacenamiento y conducción


Las inversiones en infraestructura para captar, almacenar y conducir agua son fundamentales para enfrentar déficit hídrico. Algunas de las acciones relevantes incluyen:


  • Construcción de presas, jagüeyes (pequeñas represas o contenedores), captación de agua pluvial, canales y acueductos. Estas obras ayudan a acumular agua en temporadas de lluvias para usarla en la sequía. 
  • El Acueducto Independencia en Sonora: conecta las presas El Novillo y Abelardo L. Rodríguez para abastecer Hermosillo, en una zona con estrés hídrico recurrente. 
  • En la Ciudad de México y su zona conurbada, el sistema Cutzamala es esencial para transportar agua desde cuencas externas al valle central. 
  • En zonas urbanas, proyectos de infraestructura verde y espacios de captación (como parques hídricos) se promueven para infiltrar agua y mitigar la sequía urbana. Por ejemplo, en Iztapalapa se encuentra el Parque Hídrico La Quebradora (también llamado Utopía Atzintli), cuya función es captar agua pluvial e infiltrar al acuífero. 
  • En el ámbito estatal y municipal, muchos gobiernos impulsan obras locales como rehabilitación de pozos, redes de distribución, almacenamiento intermedio y regulación de cuerpos de agua superficiales.


Ahorro, eficiencia y gestión del uso del agua


No basta construir obras si el agua se desperdicia. Por ello se han impulsado medidas para hacer más eficiente el uso del recurso:


  • Promover técnicas de riego eficiente y tecnificado en agricultura para reducir el desperdicio. Según estimaciones, una proporción muy alta del agua dulce del país se destina al riego. 
  • Regulación del riego y fomento de buenas prácticas agrícolas (cultura de riego por goteo, riego por aspersión, control de pérdidas). 
  • Reducción de pérdidas de agua en las redes de distribución urbana: detección de fugas, reemplazo de tuberías viejas, sectorización de redes y modernización de sistemas.
  • En la Ciudad de México, por ejemplo, el gobierno local ha adquirido hidroneumáticos y realiza desazolves preventivos para mantener la red apta. 
  • También se promueven campañas de concientización ciudadana para el uso responsable del agua: cerrar llaves, recoger agua de lluvia, evitar derroches, cambiar hábitos cotidianos.
  • En algunos casos, se busca que las aguas residuales tratadas tengan “segunda vida” (reuso en riego o uso industrial) para aliviar la demanda sobre agua fresca. 


Monitoreo, alertamiento y evaluación


Una de las medidas más importantes para anticipar y responder bien a la sequía es contar con sistemas de monitoreo hidroclimático:


  • La CONAGUA monitorea mensualmente la evolución de la sequía por cuenca, estado y municipio, utilizando índices como el SPI (Standardized Precipitation Index) o SDI. 
  • Publicación periódica de mapas y alertas de sequía, lo que permite tomar decisiones anticipadas. 
  • Evaluación periódica de la implementación e impacto de los PMPMS y ajustes según resultados.


Este componente de monitoreo y evaluación es clave para que las acciones no sean reactivas, sino basadas en evidencia y ajustes continuos.


Coordinación institucional e intergubernamental


La sequía no respeta límites políticos, por lo que la coordinación entre niveles de gobierno es vital:


  • El PRONACOSE establece mecanismos y normativas para emitir acuerdos de carácter general que deban acatar los estados y municipios. 
  • Comités interinstitucionales y grupos de trabajo que revisan la situación hídrica, comparten información y coordinan acciones.
  • Vinculación entre dependencias como CONAGUA, SADER (sector agrícola), SEMARNAT (ambiental), organismos estatales del agua, y gobiernos locales.
  • En situaciones de emergencia extrema, pueden activarse mecanismos de apoyo federal extraordinario, fondos de contingencia o emergencias hidrológicas.


Incentivos, créditos y apoyo al sector agrícola y rural


El sector agrícola es uno de los más vulnerables ante la escasez de agua. Algunas acciones específicas incluyen:


  • Apoyos económicos, subsidios o incentivos financieros para que agricultores adopten tecnologías de riego eficientes o cultivos menos demandantes de agua.
  • Programas de reconversión de cultivos hacia especies más resistentes a la sequía.
  • Asistencia técnica para agricultores en zonas vulnerables para mejorar la gestión del agua en parcelas.
  • Acciones para preservar suelos y proteger cuencas que sustentan la producción agrícola.


Medidas emergentes y de contingencia


Cuando la sequía alcanza niveles críticos en ciertas regiones, se deben activar medidas más urgentes:


  • Priorizar el suministro de agua potable para consumo humano, incluso limitando otros usos como el riego. Esto puede implicar decretos o acuerdos excepcionales.
  • Distribución de agua mediante pipas, en casos extremos, a comunidades afectadas.
  • Movilización de recursos públicos para reparar instalaciones dañadas, rehabilitar pozos secos o reforzar redes críticas.
  • En zonas urbanas, instalación puntual de hidroneumáticos, rebombeo, mantenimiento urgente de tuberías.
  • Coordinación de emergencias con instituciones de protección civil cuando la sequía conlleva riesgos para la salud pública o el bienestar.


Ejemplos locales relevantes


Para ilustrar cómo algunas de estas medidas se aplican a escala local:


  • En la Ciudad de México, el programa Agua Bienestar busca distribuir garrafones de agua a bajo costo en zonas con problemas de abasto. 
  • Se planea rehabilitar pozos, modernizar plantas potabilizadoras y promover reuso de aguas residuales. 
  • En Iztapalapa se encuentra el Parque Hídrico La Quebradora, mencionado ya, que busca captar agua pluvial e infiltrar al acuífero local. 
  • En el Estado de México (edomex), se han impulsado programas hídricos integrales que contemplan obras locales, mejoras de redes e inversiones para asegurar abasto confiable. 
  • En Guanajuato, el gobierno estatal promueve programas de obra y servicios que aseguren suministro de agua en zonas vulnerables frente a la sequía.


Retos, limitaciones y desafíos


Aunque el gobierno ha emprendido muchas acciones valiosas, hay desafíos serios que complican una gestión efectiva de la sequía:


  • Recursos insuficientes: muchas obras, programas de mitigación y fondos para contingencias requieren de inversión constante. La disponibilidad presupuestal es un freno.
  • Desigualdad territorial: algunas regiones muy remotas o marginadas enfrentan dificultades mayores para acceder a infraestructura, servicios o capacidad técnica.
  • Resistencia institucional o política local: en algunos estados o municipios puede haber falta de voluntad de coordinación o conflictos políticos que retrasan la implementación.
  • Cambio climático creciente: el aumento de las temperaturas, variabilidad más pronunciada en lluvias y fenómenos extremos hacen que los patrones del agua cambien rápidamente.
  • Falta de cultura del agua y consumo ineficiente: aunque hay campañas, muchos usos domésticos, agrícolas e industriales siguen siendo ineficientes.
  • Degradación de cuencas y ecosistemas: deforestación, contaminación, pérdida de recarga de acuíferos y alteración del ciclo hidrológico disminuyen la capacidad natural del territorio para resistir sequías.
  • Monitoreo y datos limitados: aunque hay esfuerzos de monitoreo, en algunas regiones faltan estaciones hidrométricas, datos de calidad o recursos técnicos para análisis locales detallados.
  • Conflictos de uso del agua: cuando se debe asignar agua entre sectores (agrícola, urbano, industrial), suelen surgir disputas difíciles de dirimir.


Aun así, la visión de combinar prevención, infraestructura, eficiencia, coordinación y apoyo sectorial constituye un marco sólido para avanzar hacia una gestión hídrica más resiliente.

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